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sábado, 24 de enero de 2015

LA LLAVE DORADA - Carlos Almira Picazo








Reconozco que este es el primer libro que leo de Carlos Almira, aunque no será el único. He tardado en hacer esta pequeña reseña o como se le quiera llamar por falta de tiempo. No porque el libro no lo merezca. Pero sigo siempre lo que aconseja Ana María Shua: la lectura reposada de los microrrelatos a fin de no empacharte con ellos y saborearlos cada uno a su tiempo.

La llave dorada contiene 121 relatos variados, con pocas semejanzas unos con los otros, excepto por la gran calidad de su narración. He disfrutado largamente de la lectura, y sigo releyendo algunos de ellos porque les vuelvo a encontrar una segunda interpretación, mucho más allá de lo que en principio entendí.

Los temas son todos lo que la vida nos puede aportar. Mundos distintos, fantásticos, reales. Fragmentos poéticos, personajes sorprendentes que te llevan a escenarios inimaginables.
Una llave dorada que abre todas las puertas por las que queramos entrar.

La puerta

Mientras me llevaba detenido, incurrió en la torpeza o el sarcasmo de consolarme. El aire helado le alzaba los faldones del abrigo. Yo intentaba silbar, pero su vocecita sonaba incansable tras de mí: “A quién se le ocurre olvidar poner una puerta en la escena del crimen”.  Detesto el abuso de la lógica y se lo dije, pero prosiguió, dando una larga chupada a su pipa: “Sólo usted podía naturalmente entrar allí”, y volvió a encañonarme con una pistola digna de un carnaval. Desesperado por ese cliché de folletín, apreté el paso: “¿A que no puedes matarme con eso?”. Conseguí que el detective se callara. Nos alejamos por calles torcidas, bajo un cielo plúmbeo lleno de dirigibles.

Leyendo los microrrelatos de Carlos Almira uno se da perfecta cuenta de lo difícil que es escribir así. De logar usar cada palabra en el momento exacto, de crear un mundo concreto para cada uno de ellos, un ambiente definido en tan pocas líneas.

Los pantalones

Volvía de una cena de empresa cuando algo se le cruzó en la calzada: dio un volantazo y se salió de la curva con la extraña sensación de llevar otra vez los pantalones cortos.

Para los aficionados a la lectura y escritura de microrrelatos este libro es mucho más que recomendable. En él se haya aprendizaje y ciento veintiuna maneras de escribir con maestría.

El corral

En los alrededores del desierto de Galilea, donde habían sido conducidos por una estrella, Baltasar se separó de sus compañeros. Muchos años después, en su lecho de muerte, justificaba así su conducta: “Nadie debe permitir que una sola estrella, por importante que sea, guíe toda su existencia”
A sus compañeros se sumó un falso Baltasar: poco después alcanzaron sin más contratiempos las murallas de Jerusalén.


 Disfruten con la lectura y con las invenciones, y los personajes que deambulan por estas 175 páginas de buena literatura. 


sábado, 10 de enero de 2015

EL TRÁNSITO DE ROBERTO MORRISON - Mayte Sánchez Sempere







Roberto Morrison, más conocido como el Rober, un tipo odioso, aunque envidiado porque siempre lleva colgando del brazo a las tías más buenas del barrio, decide morirse por sí mismo, sin tener en cuenta que muchos de los que lo conocían hubieran querido cargárselo.
Antes de morir, deja un mensaje: Dale el paquete a Iona. Junto a sus últimas palabras, una llave.
El Rober, cuando estaba vivo, era escocés. Cuando se le acabó la pasta recaló en “el barrio” un local, antigua tienda de ultramarinos, donde conviven unos cuantos okupas que han elegido vivir con un pie dentro y otro fuera de la sociedad. Personajesmarginales con vidas destruidas.
Entre estos okupas está el Rata, amigo del Rober. Y el Pachi y Lázaro que es quien van contando la historia del tránsito del Rober.
La novela, a través de estas voces, nos va ir llevando de un lugar a otro, a cual más cutre, hasta poder descubrir qué se esconde detrás de esa llave que ha de llegar a manos de Iona, hermana del Rober, por más señas. Y qué es lo que se esconde también detrás de la persona que ellos han conocido: el Rober.

Hay sueños rotos:
“Lo que hemos perdido es el derecho a soñar, Pachi, y eso jode”

Sueños inalcanzables. En la que los protagonistas, en el otro lado de la sociedad, observan las diferencias entre unos y otros.

“No creo en la suerte. Solo somos más gilipollas. Ellos tienen sueños para toda la vida, nosotros jodimos los nuestro, nos bebimos la ración”

Hay amistad.
“Vamos a inventarnos un sueño nuevo, Pachi”

Hay ternura y hay poesía.

Hay vida en la marginalidad.
“Nadie pregunta de qué nos morimos los que vivimos en el margen”

Una novela corta muy interesante, amena, divertida en algunas ocasiones, cuando la situación parece que se desborda por los márgenes.